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Game of Thrones: ¿Fuimos testigos del mejor capítulo de los últimos años?

"Es verdad que no hubo dragones ni actos de magia. No hubo batallas épicas ni héroes de último segundo. Hubo algo igual de importante: genuinas emociones humanas". Nuestra reseña del segundo capítulo de la octava temporada de Game of Thrones

El episodio 2 de la octava temporada de Game of Thrones ofreció un giro sorprendente con respecto al ritmo frenético, muchas veces absurdo o reñido con la lógica, que había cogido la serie en los últimos años. Como si las quejas por haber sacrificado el desarrollo de personajes en pos de la acción hubiesen sido atendidas, los capos de HBO nos regalaron anoche un capítulo enorme y con olor a Emmy. Uno en el que los guionistas se tomaron el tiempo necesario para reconectar con la dimensión interna de los personajes: ¿Quiénes son? ¿Para quién pelean? ¿Cuáles son sus sueños y pesares? Es decir, todos los elementos que nos hicieron amar el show desde sus primeras temporadas y que se echaban de menos.

En el capítulo de anoche, la serie se tomó un respiro, algo que ciertos espectadores acostumbrados al frenesí sin pausa de las películas de superhéroes han confundido con ausencia de drama al decir que “no pasó nada”. Es verdad que no hubo dragones ni actos de magia. No hubo batallas épicas ni héroes de último segundo. Hubo algo igual de importante: genuinas emociones humanas. Personas que sienten, reaccionan y están asustados ante lo inevitable –el ataque del Rey de la Noche al castillo de Winterfell–. En ese trajín, comparten con sus antiguos rivales su última noche en la Tierra, con abrazos sentidos como el de Lady Sansa y Theon Greyjoy; con vino y cerveza, risas ante la chimenea, viejas canciones y hasta sexo con culpa mientras esperan literalmente el arribo de la muerte.

Si el arranque de temporada estuvo centrado en los reencuentros, este segundo capítulo olió a posibles adioses, contribuyendo a la sensación de velorio anticipado que se respiró en toda la hora. ¿Volveremos a ver a Gusano Gris (Jacob Anderson) o a Misandei (Nathalie Emmanuel), luego de esa despedida en la que ella manifiesta su deseo de volver a ver las playas de Naath? ¿Sobrevivirá la valerosa Brienne de Tarth –imborrable su sonrisa- luego de ser nombrada al fin caballero por el hombre que posiblemente ama? ¿Qué ocurrirá con el bueno de Podrick (Daniel Portman) que al fin está aprendiendo a usar una espada? Un viejo truco de guionista para hacer más impactante la muerte de un personaje es hacerlo confesar antes un anhelo o algo por resolver. Las películas de guerra lo usan siempre como cliché. Todo aquel que sueñe con volver a su casa o reencontrarse con su esposa en la previa a una batalla, no sobrevivirá.

En ese fatalista telón de fondo, el tema del debut sexual de Arya Stark (Maisie Williams) con el herrero/hijo de un rey Gendry Baratheon (Joseph Dempsie), está justificado aunque haya causado un terremoto de reacciones en Twitter, entre los memes de siempre y el previsible desagrado del sector conservador, horrorizados siempre con la palabra “precocidad”. La hija más joven del clan Stark ha tenido la evolución más destacada de la serie, desde la niña inconforme con el prospecto de ser lady a la guerrera implacable y muy dueña de sus acciones, entre ellas decidir con quién acostarse, en qué tiempo y de qué forma. “No pienso pasar mi último día en la tierra hablando con dos viejos de mierda”, les había dicho a los muy viejos y guerreros Sandor “el Perro” Clegane y Beric Dondarrion antes de largarse a buscar un amante que caliente la helada noche. Lo encontró y por su semblante post coito podemos inferir que su mente ahora sí esta puesta en lo importante: la batalla por venir.

En el camino van quedando los personajes que una vez odiamos y hoy buscan redención. Jaime Lannister (Nicolaj Coster-Waldau) y Theon Greyjoy (Alfie Allen) han llegado a Winterfell para poner sus espadas al servicio de “los vivos” pero también de la familia a la que hicieron tanto daño. ¿Podrán redimirse sin que esto signifique su necesario sacrificio? Al menos el destino del ex Capitán de la Guardia Real parecería ya sellado por un comentario que le hace el-hombre-anteriormente-conocido-como-Bran-Stark. Igual es deseable para los fans verlo enfrentado por una última vez a su hermana Cersei, que actualmente ostenta el Trono de Hierro. Ese mismo trono que quiere la orgullosa Daenerys Targaryen (Emilia Clarke), quien se acaba de enterar, encima, que no es la heredera directa al título sino su novio, Jon Snow o Aegon Targaryen. ¿Cómo pueden decir que no pasó nada en este episodio?

Con sus fantásticos diálogos a la luz del fuego, con todas sus pausas y sus reflexiones, Game of Thrones 8x02 se construye como ese momento de calma necesario que nos permita entender la magnitud de la tormenta que está por llegar, que, como ya se ha adelantado, será la más larga batalla de la serie filmada a la fecha. Esta tendrá un cuantioso número de bajas y, esto es una personal especulación, un resultado fatal para los espectadores, porque todos intuimos que esta gran canción de hielo y fuego culminará cuando el terror llegue al sur. Cuando los Caminantes Blancos y su ejército de zombies lleguen hasta las mismas puertas de Desembarco del Rey.


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