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Patricio y el secreto de su vocación por reinventarse, por Pedro Suárez-Vértiz

"Patricio ha sido condecorado con la medalla del Congreso de los Estados Unidos por su habilidad extraordinaria y liderazgo excepcional. Mi hermano nunca sobrepasó la nota 11 ni terminó el colegio debido al boom de Arena Hash".

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Patricio y el secreto de su vocación por reinventarse, por Pedro Suárez-Vértiz. (FotoIlustración: Nadia Santos)

Hace exactamente 15 años partió hacia los Estados Unidos aquel hermano menor que me perseguía por los salones del nido, solo para estar conmigo. Su paso por el colegio no fue fácil para él, pues tenía déficit de atención y mil complejidades más que, por falta de dinero para pagar un psicoanalista pediátrico, nunca averiguamos. Esto le impedía tener buenas calificaciones, aunque desde niño reparaba radios, licuadoras, pianos, etc. Era un genio y mi papá decía que su ‘chanchín’ era como Albert Einstein.

Desde los 12 años tenía amplificadores profesionales y hasta un bajo eléctrico que heredó luego de suplicarle a mi tío Coco, su dueño, para que se lo diera. Tenía, y tiene hasta hoy, obsesión por los aparatos y máquinas. En Florida, donde radica, siempre va puntualmente y fascinado a ver el paso del ferrocarril Titan American. Increíble.

Yo había formado con Arturo Pomar una banda en el colegio llamada Paranoia –de la cual una porción terminaría siendo Arena Hash–, pero faltaba el bajista. “¿A quién ponemos?”, decíamos. De pronto miré hacia mi cuarto y ahí se encontraba Patricio, tirado en la cama y mirando el techo completamente en el limbo. Tuve una revelación instantánea y le dimos su primer trabajo: bajista.

Por suerte, Arena Hash despegó como un misil en todas las radios y en la televisión. Yo pensaba: “Esto es el sueño de mi hermano, mucho antes de que yo lo soñara”. Comenzaron las giras y las chicas siempre rodeaban a Patricio. Apenas se iban del hotel, nos dejaban solos a él y a mí. Siempre compartíamos el cuarto para dormir.

Una de esas noches, en plena oscuridad, una lamparita a pilas alumbraba el perfil de mi hermano. Estaba despierto, leyendo su Biblia. Él cargaba una Biblia de bolsillo azulita desde el colegio. Era su refugio desde niño.

Pasaron los años y Arena Hash, en la práctica, llegó a su fin. Yo me casé y eso rompió la convivencia con mi hermano obligatoriamente. Y él vivía a través de mí. Entonces surgió nuevamente la pregunta: “¿Ahora qué va a hacer Patricio?”. Yo saqué mi disco solista y obtuve gran éxito, mientras él preparaba su futura producción. Había riesgo de que no fuera aceptado, ya que él era el ex bajista de Arena Hash y no el cantante, como yo, y no había escrito jamás una canción.

Pero metió un gol de media cancha con dos canciones que hasta hoy suenan y la gente grita de emoción: Disco Bar (canción del año) y A la playa (canción del verano). Nuevamente, se le aparecieron las giras, las fiestas, las chicas y, obviamente, su inseparable Biblia para limpiar su corazón antes de dormir.

Pasado el tiempo, Patricio vendió todos sus antiguos micrófonos y amplificadores a tubos que coleccionó desde niño. Recibió un dineral. De solo pensar en cuántas veces mi mamá quiso desaparecer esa chatarra que arañaba los muebles... Patricio, con nuestro padre fallecido y su hermano casado, vio un nuevo horizonte y se fue a invertir su capital en EE.UU. En este nuevo panorama no había fama ni chicas, pero su Biblia nunca se separó de él. Debió ser difícil al principio salir a la calle sin que nadie lo reconociera y sin recibir el aplauso del público, pero igual él siguió. Siempre les tuvo fe a los Estados Unidos, pues ahí nació el rock and roll.

En su estadía llegó a comprar tres casas –en realidad tres iniciales– con sus ahorros, pero las perdió porque las mensualidades eran astronómicas. Decidió vivir en su van durante un año, como hippie. Fue en esa etapa donde se reinventó. Se presentó a tocar donde fuera: bautizos, bodas, etc. De vez en cuando era reconocido por algún fan peruano que le preguntaba: “¿Qué haces acá tocando en una boda, si tú eres un Arena Hash?”. Pero luchando contra el dolor del ego, siguió y siguió.

Llegó a casarse, cosa casi imposible para todos. Han pasado seis años, vive con sus gatos y cuida y protege mapaches. Hace giras nacionales en EE.UU. y en agradecimiento canta gratuitamente en hospitales y asilos. Recientemente, Patricio ha sido condecorado con la medalla del Congreso de los Estados Unidos por su habilidad extraordinaria y liderazgo excepcional. Mi hermano nunca sobrepasó la nota 11 ni terminó el colegio debido al boom de Arena Hash. Jamás pisó una universidad. Solo cargó y leyó esa Biblia chiquita y vieja por 40 años.//

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