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El miedo como detonante de transformación, por Luciana Olivares

"Al miedo hay que abrazarlo y hasta hacerle cariño, porque es tu mejor alarma contra lo convencional". Lee la columna de Luciana Olivares.

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El miedo como detonante de transformación, por Luciana Olivares. (FotoIlustración: Nadia Santos)

Estaba en la isla Suasi, en Puno, en una escapada de luna de miel. No podía dormir, daba vueltas y vueltas en la cama pero no por la razón que estás pensando ;). Estaba asustada, creo que como nunca estuve en la vida. Me preguntaba una y otra vez por qué diantres tenía que siempre buscarle cinco pies al gato y vivir con sobresaltos. Por qué no podía tomar decisiones profesionales inspiradas en el fondo 1 de las AFP: conservadoras, predecibles y sin mayo riesgo. Pero luego me calmaba recordando que no era la primera vez que me hacía estas preguntas, porque había entendido con harto golpe, pero sobre todo con grandes satisfacciones, que en el riesgo está la oportunidad.

Era el 2015 y estábamos a una semana del gran concierto “Cuando pienses en volver”, un evento en el Estadio Nacional que traería de vuelta a Pedro Suárez-Vértiz para que todos los fans cantemos por él. Este concierto, en realidad, fue la etapa final de una gran campaña de actualización de base de datos que desarrollamos en el BBVA mientras yo era gerente de marketing, en la que casi 2 millones de personas dieron sus datos para que el gran Pedro y su música volvieran a un escenario.

La campaña había sido un éxito total para los resultados del banco y ahora venía el momento cumbre, por el que todo un gran equipo de trabajo detrás y todo el Perú estaba esperando: ver a Pedro subido en un escenario después de años. Esa noche en Suasi, en el medio de la nada, rondaba una interrogante en mi cabeza: ¿llenaremos el Estadio Nacional con un concierto donde las principales voces eran el mismo público? Era la primera vez que se hacía algo así en el Perú, sospecho que también en el mundo.

Cuando llegué al estadio temprano y vi a los ambulantes con polos y vinchas de Pedro y una cola de tres cuadras, la respuesta fue obvia: 35 mil personas llegaron esa noche a cantarle a Pedro. Yo estaba con mi equipo, con el corazón sonando más fuerte que el eco en los parlantes cuando, de pronto, comenzó a tocar una de las primeras bandas invitadas. Todos saltaban al compás de Me estoy enamorando y de pronto salió él: Pedro, valiente, humilde, emocionado y grande. El estadio se venía abajo y mis lágrimas también.

Tengo que confesar que lloré como hacía tiempo no lo hacía. Lloraba de emoción porque lo que tanto había soñado despierta por meses era la más linda de las realidades. Lloraba de liberación porque tuve miedo y mucho: nos estábamos jugando varias cosas todos los involucrados. Pero, definitivamente, lo que más me movió fue ver a Pedro dueño de ese enorme escenario, creyendo en un proyecto loco desde su concepción y demostrándome que, a pesar de que el miedo nos paraliza en un primer momento, puede representar nuestro principal gatillador de evolución.

Esa noche, Pedro no salió una vez al escenario, sino más de 10, en un concierto que nunca olvidaremos miles de peruanos. Dos meses después quedamos en celebrar el éxito del concierto con una comida. A Pedro se le hizo tarde y no llegó. Ya de regreso, mientras manejaba, me envió un mensaje preguntando dónde estaba y yo le respondí que en un grifo en Miraflores. Me pidió que lo esperara cinco minutos y de pronto lo vi llegar en su camioneta. Se bajó, me bajé y, aunque suene de película, caminamos uno hacia el otro hasta que nos quedamos viendo. A falta de palabras, hubo una mirada profunda. Yo le decía con los ojos: “Gracias por confiar y atreverte”. Él, bueno, es tan ocurrente que no sé lo que me diría. Luego nos abrazamos y habrá sido tan sentido el abrazo que hasta las infernales bocinas quedaron en silencio.

Ya de camino a mi casa, me prometí almacenar ese abrazo en mi corazón y sobre todo en mi mente como ese recordatorio necesario para esos momentos donde me vuelvo a preguntar: por qué es importante sentir miedo. Hoy, en mi vida profesional, el miedo es un indicador imprescindible para validar si estoy por buen camino, porque sin miedo no hay transformación, menos aún innovación. Así que si ese proyecto importante que estoy desarrollando no me da insomnio, dudas y no hace que la cama me dé vueltas, entonces no es lo suficientemente bueno.

Al miedo hay que abrazarlo y hasta hacerle cariño, porque es tu mejor alarma contra lo convencional. Pero volviendo a mis historias, las recordé hace unos días cuando Pedro, otra vez valiente y reinventándose, anunció en sus redes que dirigirá el primer musical cocreado con fans en el Perú. Para ello ha pedido que compartamos con él qué canciones han formado parte de nuestras historias. Así que Pedro, van las mías con un pequeño gran detalle: tú me inspiraste a buscar hacer historia. //


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