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Un camino con vista al mar, no apto para automóviles. ¿Se imaginan así la Costa Verde?

"Viajé a California el pasado noviembre. No había ido jamás ni tenía muchas expectativas sobre esta ciudad". La columna de Lorena Salmón

Viajé a California el pasado noviembre. No había ido jamás ni tenía muchas expectativas sobre esta ciudad, pero mi marido logró conseguir un hospedaje de Airbnb en Venice Beach y literalmente ganó la lotería.

Este apacible barrio californiano es prácticamente un balneario hermoso e ideal para vivir, lleno de casas cada una más sorprendente que la otra, eco friendly y armoniosas.

Pero lo que realmente me sorprendió es que uno puede moverse por el barrio a pie, bici, scooter y ningún automóvil –lea bien–, ningún automóvil osará tocarle una bocina para que se salga del camino. O mejor aún: ningún carro representará un peligro para su integridad o vida.

La hermosa casa donde me hospedé tenía bicicletas libres para el uso del inquilino.

Hace mucho tiempo que temo coger una bici en Lima: ni siquiera para trayectos cortos, nadie respeta a quien va en bicicleta (ni a pie ni en auto ni en transporte público).

Entonces, temerosa, seguí al intrépido de mi marido en su iniciativa de movernos por el barrio en bicicleta. Esta literalmente va por el medio de la pista y si un auto aparece en el camino, espera a que la bicicleta siga su ruta, jamás se le cruza. Era tan irreal para mí que cada vez que se me aparecía un carro en la ruta sentía que tenía que orillarme o yo darle prioridad a él, cuando la prioridad la tiene quien se mueve en vehículos alternativos a los de cuatro ruedas.

Porque otro de los fenómenos sui generis que observé en Venice Beach es que el transporte preferido por los habitantes es el scooter eléctrico.

Venice Beach es LA ciudad de los scooters eléctricos. Todos lo usan a velocidades impresionantes. El sistema de transporte es tan común que estos aparatos están tirados en cada esquina del barrio.

Al principio no entendía por qué había scooters tirados y sueltos por doquier. Algo que despertó mi incredibilidad hacia la civilización ¿No se los roban? ¿Podemos levantar cualquiera y usarlo? ¿Se paga?
Pues el sistema es así: si tienes wifi, pagas online y puedes usar el scooter de la calle. Te trasladas a donde quieres ir y no necesitas regresarlo al punto de partida para devolverlo, porque no se devuelve. Lo dejas nuevamente en la calle para que otro usuario lo tome. Una locura, ¿no?

Todos los días me preguntaba si algo así funcionaría en Lima; luego me reía internamente respondiéndome sola.

Venice Beach tiene un malecón maravilloso con un vía exclusiva para quienes van en scooters y bicicleta, otra también solo para los peatones. Kilómetros de camino con vista al mar, no aptos para automóviles. ¿Se imaginan así la Costa Verde? Un lujo.

Como no se puede llorar sobre la leche derramada ni sobre alcaldes nefastos, hay que depositar nuestra fe y optimismo en la nueva gestión edil.

Por lo pronto, Jorge Muñoz ha prometido que el teleférico se realizará. Y mientras esperamos que algún día se concrete junto al tan esperado metro de Lima, y que el 2019 sea el año de los milagros y el tráfico no nos quite años de vida, opciones como las que vi en California han comenzado a asomarse: scooters eléctricos, bicicletas eléctricas, motos de tres ruedas.

Así que empezamos el año nuevo con nuevas opciones para movilizarnos por la ciudad, lo cual festejo.

A ser valientes nomás, mientras nuestras calles, algún día, esperemos que pronto, se ordenan. //

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