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Shenzhen, la ciudad fronteriza que está a años luz de Hong Kong | FOTOS

Shenzhen no era más que un modesto pueblo de pescadores cuando se convirtió, en 1980, en una "Zona Económica Especial" destinada a atraer las inversiones de Hong Kong, en aquel entonces gobernada por los británicos

Shenzhen. Tan cerca y, sin embargo, tan lejos. A las puertas de Hong Kong, la metrópolis de Shenzhen en China, invadida por la propaganda del régimen comunista, siente pocas simpatías por las reivindicaciones de los manifestantes de la excolonia británica.

"No hacen más que tirar piedras sobre su propio tejado", declaró  un taxista de Shenzhen, que no reveló su identidad, en alusión a los manifestantes que desde hace más de dos meses desafían al Ejecutivo pro-Beijing al otro lado de la frontera.

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"¿Qué harán cuando la economía esté por los suelos y ningún turista vaya allí?", se pregunta, mientras que efectivos de la policía militar, escoltados por camiones y tanques, se hallan apostados en un estadio de la ciudad, a 7 kilómetros de la frontera.

Aunque Hong Kong fuera retrocedida en 1997, el territorio sigue separado de la China comunista en virtud del principio "un país, dos sistemas": conserva un gobierno autónomo, su propia moneda y su frontera y sus habitantes gozan de unas libertades inexistentes en el Continente, como la de manifestarse.

Los chinos de la República Popular pueden entrar libremente en Hong Kong, con un permiso especial y por una estancia limitada.

Hong Kong

Gráfico indicando el perfil y las motivaciones de los manifestantes de Hong Kong. (AFP)

Gráfico indicando el perfil y las motivaciones de los manifestantes de Hong Kong. (AFP)

— Complot del extranjero —

Shenzhen se encuentra dentro de la "Gran Muralla informática" impuesta por el gobierno chino, que bloquea el acceso a informaciones consideradas indeseables por el poder.

Los medios estatales, que presentan a los manifestantes de Hong Kong como "alborotadores" violentos, antichinos y separatistas e incluso "casi terroristas", son prácticamente la única fuente de información de la ciudad.

"Los jóvenes no reflexionan, están demasiado consentidos", declaró por su parte un vecino de Shenzhen, que prefirió mantener el anonimato, como suele suceder en China cuando se tratan temas políticos.

Otro habitante, que se hizo llamar Chen, apuntó que "el Partido Comunista no teme la agitación", después de que el Ejecutivo chino dejara caer la posibilidad de una intervención militar en la excolonia británica para reprimir las protestas.

Varios habitantes secundan la teoría del poder de que las manifestaciones estarían siendo urdidas desde el extranjero (Estados Unidos, sin nombrar a ese país explícitamente).

"Los estadounidenses rodearon nuestro país", declaró un hombre, apellidado Feng. Las manifestaciones son "sin lugar a dudas, el resultado de influencias extranjeras: pagan a los estudiantes y a los desempleados para que creen problemas y vayan a manifestarse", señaló.

"Es el resultado de la influencia taiwanesa, estadounidense y británica", dijo por su parte un trabajador migrante, llamado Chan. "Al parecer, les dan hasta 10.000 yuanes [1.275 euros] por manifestación", indicó.

Hong Kong

Policía usó gas pimienta durante la semana en incidentes con manifestantes en aeropuerto de Hong Kong. (Foto: AFP)

Policía usó gas pimienta durante la semana en incidentes con manifestantes en aeropuerto de Hong Kong. (Foto: AFP)

— 20 minutos —

Shenzhen no era más que un modesto pueblo de pescadores cuando se convirtió, en 1980, en una "Zona Económica Especial" destinada a atraer las inversiones de Hong Kong, en aquel entonces gobernada por los británicos.

Casi 40 años después, Shenzhen se ha convertido en una metrópolis puntera y moderna y cuenta con 12,5 millones de habitantes, mucho más que el vecino hongkonés (7 millones).

Pese a sus diferentes puntos de vista, los habitantes de las dos ciudades están más cerca que nunca. Un tren rápido, que funciona desde el año pasado, conecta las dos metrópolis en menos de 20 minutos.

Incluso entre quienes aseguran entender las protestas prodemocracia, el miedo a los manifestantes parece fuerte, ahondado si cabe por la división lingüística entre el cantonés, que se habla en Hong Kong, y el mandarín, mayoritario en Shenzhen.

"Tienen que poder" defender sus derechos, declaró un obrero, que afirmó que lleva 20 años viajando entre las dos ciudades.

"Tenía ganas de ir a Hong Kong para ver las manifestaciones, pero tengo miedo de que golpeen a la gente que hable mandarín", admitió.

Fuente: AFP


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