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El smartphone como apéndice

Desconectarse de teléfonos inteligentes puede llevar a cuadros depresivos, de ansiedad y, en casos extremos, de agresividad.

El smartphone como apéndice

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Revisan el celular a cada minuto, así estudien, trabajen, estén en el cine o en alguna reunión; si se les olvida en casa, entran en pánico y corren a buscarlo. Y, por las noches, el aparato reposa bajo su almohada. Estas son algunas de las conductas que podrían revelar una dependencia de los celulares.

En nuestro país, el 30% de la población cuenta con un smartphone o teléfono inteligente, y la rápida evolución tecnológica augura incrementar este porcentaje y, con ello tal vez, los riesgos de adicción. Aunque este término está en debate, los especialistas señalan que la reacción del cerebro ante la dependencia del teléfono móvil es similar a la que produce la adicción de sustancias.

“El placer que acarrea el uso del smartphone en ciertas personas hace que el cerebro libere dopamina, sustancia relacionada con el placer. Cuando esta deja de ser segregada, se produce un cuadro de abstinencia: ansiedad, agresividad, depresión y unos deseos enormes de volver a la conducta satisfactoria”, dice el psicólogo Edwin Salas, docente de la Universidad de San Martín de Porres y autor del estudio “Adicciones psicológicas y los nuevos problemas de salud”, publicada en la revista “Cultura 28”.

En el 2011, un estudio de la firma internacional de investigación de mercado YouGov acuñó el término ‘nomofobia’ para hablar sobre el miedo irracional a salir de casa sin celular. Pero, explica Salas, a ello se han unido otras conductas que pueden asimilarse a un cuadro adictivo: no despegarse del celular, ser incapaz de prestar atención a todo lo que no sea el móvil, sentirse ansioso e irritable cuando no se lo tiene a mano, no poder dormir, tener deficientes relaciones interpersonales y hasta experimentar dolores de cabeza y depresión.  

Un problema mayor
El perfil de quienes viven pegados a su smartphone es cada vez más difuso. Hace años, los estudios señalaban hacia chicos de 15 años y de clases media y alta. Hoy, con el crecimiento de la población urbana, la capacidad económica y el acceso a la tecnología, esta dependencia puede presentarse hasta en chicos de 10 años.

“Además del acceso al smartphone, estos jóvenes pueden tener carencias afectivas o personalidades dependientes e impulsivas, por lo que el celular se convierte en su arma para llenar el vacío, no sentirse solos y fabricar una vida que anhelan con ayuda de las redes sociales”, señala el psiquiatra Fernando Luna, del Instituto de Salud Mental Honorio Delgado-Hideyo Noguchi. 

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