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Un día entero sin el smartphone: ¿qué es lo que te perderías?

Si aún no tienes un smartphone, de seguro entenderás por qué es tan importante para la mayoría de limeños que sí lo llevan

Siglos atrás, a las brujas las mandaban quemar porque hacían cosas que nadie más entendía. El fuego aparecía de la nada y movían objetos sin tocarlos. Hoy todos somos capaces de, maniobrando un aparatito de poco más de cinco pulgadas, activar complejos aparatos -una TV comandada por el Wii o el teléfono haciendo de Wii lo es - y lo hacemos de forma tan natural que ni nos complicamos en pensar cómo está funcionando.

Alguien de la edad media podría enviarnos a la hoguera sin piedad si nos viera. Y quizás la única forma de descubrir cuan importante e imprescindible se han vuelto esos pequeños aparatos mágicos llamados smartphone es dejar de tenerlos un par de días. ¿Se imaginan? Aquí, a continuación, algunas experiencias que lo confirman.

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LEVÁNTATE Y ANDA

Uso N°1 del celular: el despertador. Los 'millennials' quizás no lo recuerdan, pero los que pasamos la base treinta teníamos cuando niñas una radio reloj despertador que se activaba a las 6:45 a.m. y nos levantaba de la cama al ritmo del cua cua cua cua de Los Nosequién y Los nosecuantos sumado a las arengas del DJ.

Hoy en día el smartphone tiene una alarma con cientos de opciones sonoras que elegimos a gusto. Es más, tienen hasta tres alarmas que pueden sonar en diferido (una a las 7:00 a.m. por si seguimos pegados a las sábanas y una a las 7:30 a.m. si todavía no estamos en la ducha) e incluso un programa de control del sueño que nos informa si cumplimos con las horas de descanso recomendadas durante la noche y cuántas veces nos levantamos o despertamos de madrugada y si nuestros latidos están en orden. ¿Qué pasa el día que no tienes tu celular a mano? A falta de radio reloj o despertador en la mesita de noche, uno simplemente sigue en los brazos de Morfeo y la movilidad deja a los niños, llegamos tarde al trabajo y al tener que hacer todo corriendo acabamos de un humor por demás desagradable. 

(Foto: Shutterstock)

UBÍCATE

Si la rutina es ir todos los días de frente a la oficina, luego de subirnos al carro tenemos al smartphone informándonos, vía Apps, cómo está el tráfico, cuanto tiempo nos demoraremos en llegar, qué ruta es la más apropiada y por donde hay un grifo o un cajero si se nos acabó el efectivo.

También nos dice cual es el pronóstico del tiempo -esencial ahora que el fenómeno de El Niño alteró todo- para poder decidir cuántas chompas sacamos y si nos ponemos un manga corta presentable para cuando nos saquemos los abrigos, porque ese solcito de medio día hará votar todo. Los abuelos oían la radio en busca de este consejo y soportaban horas de horas al conductor esperando este valioso dato. Nosotros lo tenemos al alcance del dedo y con fotos incluidas.

Si lo nuestro es ir a visitar clientes en diferente lugares desde temprano, o como los periodistas tienen que ir a entrevistas aquí y allá, el smartphone se vuelve esencial para tener el mapa y la ruta para llegar a ese sito desconocido en el menor tiempo posible y sin sobresaltos o pérdidas en el camino. Es un gran aliado.

¿Qué pasa si un día no está? Bueno, para empezar tenemos que confiar en que el taxista tendrá plan de datos en su propio teléfono. Si eso no ocurre, simplemente vamos a la antigua, a la deriva, y terminamos preguntando al transeúnte con cara de menos despistado. El colmo es cuando llegamos a lo que creíamos era el destino y resulta que la conferencia -en este caso- la cambiaron de lugar y es en otro sitio. ¿Cómo llamamos a preguntar? ¿Cómo verificamos si es verdad que están en otro lado? Nuevos gastos se suman, se pierde tiempo y sí, lo más probable es que tengamos que regresar a la base (léase diario en mi caso) sin haber logrado nuestro objetivo.

¿CÓMO DICE QUE DIJO?

Una de las maravillas que ofrece el smartphone hoy en día es que se conecta al correo electrónico y a cuanto sistema de mensajería existe, dándonos acceso completo a toda nuestra base de contactos en donde estemos, además de informaciones pasadas al detalle. Eso permite desde saber el nombre de pila de la persona que vamos a entrevistar con mirar el último correo al llegar a la puerta del interesado hasta poder verificar qué fue lo último que declaró la competencia. 

¿Qué pasa si no tenemos el correo a la mano? Podemos entrar en caos las primeras horas en la calle, porque la costumbre de andar apuntando en papelitos o imprimiendo archivos es cosa de la prehistoria y sin la biblioteca de bolsillo uno anda perdida en el espacio. Llegas a una comisión y no sabes por quien preguntar, quieres citar un dato y no tienes como verificarlo a la mano, te mencionan el nombre de un equipo y no tienes Google para averiguar de qué rayos están hablando y descubres que la memoria si no se usa se oxida y por lo tanto, solo te sabe el número de teléfono de su casa y el de nadie más.

Mucho más que palabras

Si justo ese día que te quedaste sin smartphone te toca salir fuera de la ciudad o tener una reunión memorable, la cosa se agrava. Antes, cuando no existían las máquinas de fotos digitales ni los celulares con cámaras que reemplazaron a la mayoría de las cámaras de fotos, uno se la pasaba viendo sin afán de retener y no se moría por tener su propia versión gráfica de cada lugar o situación por la que pasaba.

Hoy ese fotógrafo que llevamos dentro, parafraseando a una conocida artista en un comercial de un determinado celular, lucha por sobresalir en cuanta red social y el ansia de retener imágenes es alta, muy alta. Vemos algo curioso y no solo queremos contárselo a los niños cuando lleguemos en la noche a casa, sino que podemos tomar una foto y enviarla al instante para reírnos juntos a la distancia. Hoy, valgan verdades, hablamos en gráfico, usamos las imágenes para compartir con quienes queremos eso que nos gusta o disgusta, así sea algo tribal. Por eso le tomamos foto a la enorme cola del banco, el menú apetitoso del día o el arreglo de flores de la recepción de ese lujoso hotel.

Peo eso no es todo. Ahora ya no sacamos ni necesitamos las fotocopias, porque con tomar una foto con el smartphone al recibo de pago, el documento filtrado, el expediente, y un largo etcétera estamos cubiertos. Todo lo indispensable queda grabado en imágenes y reducimos los cachivaches de papeles en la cartera. Y ni se diga a los adolescentes, que toman foto al ejercicio de matemática y se lo pasan a sus amigos si estos se olvidaron el cuaderno y no tienen como hacer la tarea...

Ese día sin smartphone el vendedor ambulante disfrazado de Supermán pasa a la historia, el que fuera presidente de CLAE deambulando como perdido por un parque sigue anónimo sin saltar a las redes sociales, el paisaje hermoso no se aprecia igual de bien si no hay como enfocarlo y no, no tenemos como compartir emociones con nuestros allegados hasta que los veamos.

Con esta foto, Samsung anunció

¿TEMPOS MUERTOS?

Si les gusta dibujar, seguro que no había servilleta de papel que se salvara de sus creatividades instantáneas cuando chicos. Y si no, siempre había la posibilidad de jugar un tres en raya si estaban esperando algo, ya sea que sirvan el almuerzo, den permiso para levantarse o se inicie una clase. A lo largo de nuestra vida nos encontramos con infinidad de tiempos muertos, tiempos de espera que matamos como podemos. Antes, si no había una revista en la sala de espera de un consultorio o una recepción, uno podía morir del aburrimiento.

Hoy, smartphones en mano, somos imbatibles. Siempre habrá momentos aburridos en la vida -para todo hay lugar en esta vida- pero con el smartphone se reducen considerablemente. Uno, podemos jugar lo que nos apetezca: desde ahorcado para los chancones ochenteros hasta la última versión de Angry Birds o equivalentes. Dos, podemos leer todos los diarios y revistas que nos apetezca e ir saltando de web en web hasta encontrar la información que nos apetezca, porque hay para todos los gustos. Tercero, visitar tiendas online y ver la última colección de accesorios de invierno o las ofertas del supermercado. Cuatro, seguir aprendiendo cocina, chino, manualidades o lo que fuera que sea nuestro hobby. Quinto, aunque es el segundo a medida que se reduce la edad del usuario, ver videos y/o escuchar tu música favorita, incluso podrías chequear las cámaras de seguridad de tu casa y activar el encendido de luces si ya es muy tarde con solo oprimir un par de clics. Sexto, resolver pendientes, que van desde recalcular cuantas calorías ingerimos en el día y si está con la métrica prevista para controlar el peso (todo vía Apps) y la cantidad de calorías quemadas al caminar, hasta revisar el presupuesto mensual (también vía App) y hacer algunas fiebres para ver cómo vamos a hacer para cubrir esos tremenos e inevitables gastos pendientes. 

Para los ecommerce a nivel nacional existe una tendencia en promover la venta a través del dispositivo móvil. Para ello utilizan estrategias, como la de comunicación segmentada al púbico que navega través de móviles; ofertas exclusivas para compras a través de este móviles, e incluso el desarrollo de apps. (Foto: Reuters)

Un día sin teléfono uno descubre que esos ratos muertos son eternos. No hay música de bolsillo a menos que rescates el iPod o mp3 que usábamos la década pasada. No hay mas periódicos a mano que los que se les ocurrió a alguien más poner a la mano. No hay juegos, ni chismes, ni muros de Facebook con las últimas de las últimas, ni Twitter con palabrotas e improperios de congresistas desubicados a los cuales criticar, ni visitas a las tiendas y no, no te enterarás de lo que ha pasado en otros lados hasta que llegues a esos otros lados. Te desconectas, ni recibes ni das información a los de tu entorno y tienes que recurrir a las conversaciones insustanciales con el desconocido de al lado si quiere sobrevivir sin dormirte. Eso sí, redescubres paisajes, vuelves a observar a otros seres humanos desconocidos con más detalle, piensas en eso que no habías tenido tiempo de pensar y tienes más ganas de encontrarte en la noche con aquellos con los que no has podido hablar todo el día...

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