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“A la final, respetando su historia” | OPINIÓN

“A la final no van once gladiadores, va todo el fútbol peruano unido. El de ayer y el de hoy. Van Cueto, Sotil, Cubillas, Uribe, todos”

(Foto: AFP)

(Foto: AFP)

Apenas minutos después de terminado el sorprendente Perú 3 - Chile 0, una multitud se concentraba con banderas blanquirrojas en la Plaza de Armas de Lima, síntoma claro de la dimensión que la victoria tenía. La gente no se autoconvoca por miles en un lugar icónico sólo para tomar aire fresco. ¡Había tantos motivos para hacerlo…! Era el pase a la final de la Copa América, para enfrentar nada menos que a Brasil en Maracaná. Era haber goleado a Chile, con el que los uno y los separa una vecindad sin cariño, una larga rivalidad más allá de lo deportivo; la Guerra del Pacífico, la pérdida de territorio, la desconfianza mutua. Ya en lo deportivo, una larga paternidad de La Roja en el historial entre ambos… Pero, sobre todo, se citaron para celebrar el fútbol, el juego. Lo goleó a la peruana, tocando la bola con la finura indiscutible del jugador incaico, con las herramientas ancestrales: el toque exquisito, el desplazamiento elegante, la prolijidad en el trato de la pelota, el buen gusto para avanzar trazando geometrías en el campo. Sumando a la técnica habitual una contundencia infrecuente. Encima, con goles hermosos y autores entrañables: el Orejita Flores (llamado a ser ídolo importante), Yotún, un zurdo que en el talón de su fino pie izquierdo lleva la marca “Made in Perú”, y Paolo, el interminable y fantástico Paolo Guerrero, el crack erguido, el que nunca está en el piso ni se agacha, hace todo con una clase admirable sin perder la vertical.

muchos motivos para festejar, sí. Se llenó la plaza porque fue uno de esos triunfos que serán esculpidos en piedra en el arco del triunfo del fútbol peruano. Y un cuadro lo recordará siempre. Una de las grandes efemérides futboleras de la patria de Vargas Llosa. “Cuando goleamos a Chile 3 a 0 con baile y pasamos a la final”, se exagerará dentro de algunas décadas.

No hubo tal baile, y además Chile llegó mucho hasta las barbas de Gallese. Sí fue una actuación perfecta, rotunda, inolvidable, vistosa, inteligente de Perú. Todos podían ser la figura: Renato Tapia, volante de marca, pareció creativo, hizo todo brillante; Gallese tapó hasta el viento (incluido un penal de Vargas a lo Panenka a quien le adivinó la intención); Yotún, con gol de crack: pecho y zurdazo; Paolo, ese talento incombustible; Édison Flores con su zurdita goleadora, siempre tan positivo. Y Cueva, Advíncula, Zambrano, todos. Esencialmente, fue un equipo Perú, con una marcada solidaridad entre todas sus individualidades, concentración y actitud ganadora.

Pareció que Cueto, Sotil, Cubillas, Chumpitaz, Cachito Ramírez, Uribe, Solano, el Chorri Palacios, todos juntos estaban en el campo mostrando el camino, diciendo “juguemos nuestro fútbol, el de toda la vida”. Lo hicieron. El cuidado por la pelota fue maravilloso, la pulcritud en el trato, los pases atinados, como el último, de Renato Tapia para Guerrero en el tercer gol, con definición lujosa del 9.

Chile era amplio favorito en la opinión generalizada por el partidazo que había realizado ante Colombia, con un Vidal y un Aránguiz sensacionales. Lo hablamos con el magnífico colega Danilo Díaz, del país de Neruda. “Chile está bien, sí, pero a nosotros Perú nos complica cuando nos esconde la pelota, la ponen bajo la suela, empiezan a tocar y eso a Chile lo incomoda”. Acertó la lotería. Fue lo que hizo la Bicolor. Toque y toque de allá para acá, cuidando siempre la posesión, como si fuera una virgencita, sin renunciar al ataque. Todo con orden y mentalización. Y fue maniatando a los de Reinaldo Rueda, anulándolos. A los 20’ ya ganaba gracias a una hermosa definición de primera de Flores, jugador de notable pegada de balón; lleva ya 13 goles con su selección pese a no ser delantero y jugar desde hace tres años. El Orejita le anotó un gol magnífico a Ecuador en la Copa América de Estados Unidos 2016. Ahí lo descubrimos.

La obra de Ricardo Gareca con este modesto grupo de jugadores, a los que el buen funcionamiento grupal ha optimizado y valorizado, es realmente fabulosa. Llevó a Perú a un Mundial después de 36 años, y a la final de una Copa América luego de 44. Recuperó el estilo que era una marca registrada del fútbol de ese país. Una hazaña porque llegó a Lima en medio de la desolación, cuando sólo había críticas, desánimo y derrotas. “¿Estás seguro de lo que vas a hacer…? Mirá que no hay jugadores ahí…”, lo previnieron sus amigos cuando le ofrecieron el cargo. “Pero está la técnica del jugador peruano, a partir de eso se puede construir algo bueno”, respondió. Y aceptó el reto. Y siempre tuvo fe. En cualquier momento se viene la estatua de Gareca frente al Estadio Nacional. Le ha sacado jugo a las piedras. Todos los futbolistas convocados han crecido con él. Le ha devuelto al país la ilusión por su selección, al punto de que 40.000 peruanos viajaran al Mundial, siendo premiados como la mejor hinchada que estuvo en Rusia. Ha conseguido que se sientan ganadores después de décadas de sinsabores. Ha logrado que el desorden institucional de la Federación (con el bochorno de su presidente preso, acusado de delitos gravísimos) no contaminara el aire que respira la selección. Y ha hecho malabares para que un equipo que fue aplastado 5 a 0 por Brasil se levantara, recuperara el ánimo, eliminara a Uruguay y jugara este partidazo ante Chile. No obstante, acaso lo más importante de todo, que el país entero se sienta en estado de gracia, identificado con este grupo liderado por Guerrero. Son tantos méritos…

Dado el antecedente del cruento 0 a 5 frente a Brasil en la primera fase, le preguntaron al Flaco cómo veía la final. Contestó con brillantez: “Es difícil, pero no se puede jugar una final sin pensar en ganarla. Lo vamos a intentar”. Y seguro van a jugar sin miedo, sin traicionar su forma de encarar el juego.

El fútbol genera orgullo; si ganamos, sentimos que somos una gran nación. Así se sintió el Perú después de este memorable e inesperado 3 a 0 que bajó el riesgo país y devolvió la autoestima nacional. A la final no van once gladiadores, va todo el fútbol peruano unido. El de ayer y el de hoy. Van Cueto, Sotil, Cubillas, Uribe, todos…


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